La observación consciente nos desarrolla el sentido crítico, ayudándonos a no repetir experiencias innecesarias. Hoy te cuento quién fue mi maestro en esta enseñanza.

La observación se aprende

Cuando la profesora de dibujo entró a clase el primer día -yo tenía 13 años- colocó ante nosotras una figura, como modelo.

Supongo que mis compañeras habrán pensado lo mismo que yo: “Ahora tendremos que copiar esa imagen”.

Pero, para mi sorpresa al menos, nos dijo: “Lo que van a hacer es una descripción. Observen bien las expresiones -la imagen era la de una madre con su niño- y expresen ¡con palabras! lo que ven”.

Ese día recibí una gran enseñanza. ¿Cómo se puede copiar algo sin, antes, haberlo observado con detenimiento?

No puedo decir con seguridad que esa enseñanza haya sido la que desarrolló en mí la capacidad de observar situaciones y encontrar relaciones entre ellas. Pero sí es verdad que ese hábito quedó arraigado en mí.

Lo hacía desde muy pequeña. Antes de dormir. Nadie me lo enseñó. Supongo que lo aprendí experimentando.

Cuando alguna situación no me hacía sentir bien, por la noche la recreaba, observando a los personajes -yo incluída-, desde afuera.

Cuando comprendía el porqué se había desarrollado de esa manera, dejaba registrada la causa y su efecto de manera consciente.

De la observación a la programación consciente

La idea era no permitir que se repitiera. Pero, algunas veces volvían a aparecer situaciones similares, con otros personajes. Y no resultaba tan sencillo unir los cables y entender que se trataba de lo mismo, disfrazado con otras ropas.

Con el tiempo, estudié algo de programación lógica y supe graficar en un diagrama de flujo el camino más corto para alcanzar una meta. Incluso, a definir los caminos alternativos para llegar.

Si no conoces lo que es un diagrama de flujo, te recomiendo que lo analices un poco. Te puede servir hasta para expresar la frase correcta -sin contradicciones ni caminos retorcidos- cuando pides a tu hijo que vaya a hacer una compra.

¡No hagas algo así!

El resto de la historia la dejo a tu imaginación. Estoy segura que este simple ejemplo te servirá para analizar de qué manera te expresas y poderla relacionar con los resultados que obtienes en tu comunicación.

Creando buenos hábitos

Continúo con lo que deseo contarte…

Leía mucho. Desde muy pequeña. Antes de mis 10 años, todos sabían que el mejor regalo que me podían hacer era un libro.

Y hasta para leer, empezaba a tener un método, una disciplina. No lo sabía. Hacía lo que me gustaba. Actuaba por instinto. Pero estaba creando buenos hábitos.

Así, cuando leí Mujercitas no me detuve. Quise conocer toda la historia. Y seguí con Hombrecitos, Bajo las lilas, Ocho primos… 

Todas obras de Louisa M. Alcott. que eran parte de la colección Robin Hood y que después continué, a través de otros autores.

Había desarrollado un método. Al menos para leer.

La observación como método

A los 14 años tuve que hacer un trabajo monográfico de literatura y elegí a Horacio Quiroga. Recuerdo haber pasado horas en la biblioteca estudiando su biografía. Quería descubrir por qué elegía temas tan escabrosos.

Más tarde lo comprendí…

Esa capacidad de observación se fue afinando con el tiempo y me trajo no pocos inconvenientes, porque tenía la mala costumbre -y la conservo- de expresar mis pensamientos.

Solo buscaba lo que busca todo el mundo: ¡el camino para ser feliz! Pero los patrones sociales y culturales que ya había incorporado, me alejaron de mi ser.

Y la vida de esa niña que parecía estar destinada a ir por el camino del éxito y la felicidad, se truncó.

Me bajé del tren del ser y me subí al del parecer.

Ese viaje duró muchos pero muchos años. ¡Hasta que el tren descarriló!

Viví un tiempo sin tiempo… afuera de todo. Fue muy largo. Hasta que logré tomar consciencia de que estaba ¡viva!

Y, poco a poco, pero con la disciplina que había desarrollado desde niña, empecé a caminar nuevamente.

El camino no estaba trazado. Ni siquiera lo veía. Pero cada día lo iniciaba observando, atentamente, cada instante, como si hubiera vuelto a ser una niña. Caminé con pasos cortos, pero seguros.

¡Y, por fin, sané!

Y de esto te quiero hablar…si me lo permites. ¿Caminamos juntos?

Te presento mi casa

En este sitio iré reuniendo muchas cosas que acompañaron mi camino y sé que también pueden ser útiles para el tuyo.

Hablaré de los buenos y los malos hábitos, de la amistad, de la familia, de  libros, hobbies, tiempo libre, naturaleza, cuidado del cuerpo, de la mente y del espíritu. Y también de cómo crear ingresos pasivos. 

El nombre Casa BienestArte surgió en el año 2006. Por ese entonces estaba viviendo en Madrid, entrando a la caverna de la que habla Platón. La que te muestra un mundo de dos dimensiones, que no es real.

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Estuve ahí 12 años. En algunos momentos miraba hacia afuera, desde donde provenía la luz; en otros, quedé sumergida mirando las sombras en la pared.

No encontré el camino de salida sola. Me vinieron a dar la mano muchas veces, pero solo cuando estuve lista, la tomé y salí.

Casa BienestArte resume todo lo que he comprendido:

Que la Vida es un Arte y que para obtener el estado de Bienestar, hay que saber escuchar la voz interior.

También entendí que si bien todas las voces provienen y nos conducen al mismo centro, los caminos para llegar son infinitos.

observación del camino

Pero sin el desarrollo de la capacidad de observar, analizar y sacar una conclusión del proceso experimentado, somos proclives a caminar sobre los mismos pasos.

Para avanzar hacia nuevos niveles de consciencia, en todos los ámbitos de la vida, debemos aprender a desarrollar la autocrítica de cada experiencia.

La luz está dentro de cada uno y el camino para encontrarla comienza con la auto observación. Encontrar esa luz es haber conectado con la misión personal.

La intención de este sitio es que encuentres lo que es mejor para ti, desde el lugar en el que te encuentras. Y que recuerdes que viniste a la vida, para ser feliz. ¡Ésa es nuestra verdadera misión!

El cómo, cuándo o dónde aparecerá cuando tomes la decisión de encontrarte con lo que eres.

Te invito a que sigas abriendo las puertas de esta Casa. Y cuando necesites algo más, ya sabes dónde encontrarme.

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¡Nos vemos pronto!

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